Al fin logré mi foto con efecto de viejita.
y tambien ya estoy armando mi fotoblog, CREO que este es el enlace y el dia que le pueda cambiar nombre deplano se va a llamar SHOGIS | modular de imagenes para seguir con la tradicion tambien seguida por el SHOGIS | modular de sonido
When you enter the exotic garden of Lemongrassmusic you encounter the ingenious diversity of an artfully cultivated park. All songs emanate varying aromas of juicy fruits or scents of rich spices...
Lemongrass - Spa Sessions Louging es parte de lo que escuchamos en el BITCOM | cafe internet y por cierto, se viene la cafeteria sirviendo cafe 100% Nacional... pa´ la proxima junta de bloggers :P que a esa segurito voy, ahora si haré mi reaparicion
hace ratos que tenia ganas de leer leyendas sobre Guatemala, y he decidido cpmpartir con ustedes las mas famosas, el Sombreron, El Cadejo y la llorona, el texto y las fotos las he extraido de Terra guatemala.
La noche se quejaba de dolor de estrellas. En la ciudad el silencio caminaba de puntillas por las polvorientas calles. Todo callado. Nada de ruido. Nada de nada.
Por el barrio de la Parroquia vieja, sobre esas calles sin empedrar, pocas personas se atrevían a deambular. De pronto se escuchó el caminar pausado de unas mulas que anunciaban la llegada de alguien. A su paso el ladrar de los perros se convertía en llanto.
Se vislumbró la imagen de un carbonero pequeñísimo, vestido de negro y con un cinturón brillante, botines de charol y al hombro una guitarrita de cajeta. Sobre su cabeza, un enorme sombrero de alas anchas que casi lo ocultaban por completo.
El pequeño hombrecillo atravesó el atrio de la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria, dobló por la Calle de la Amargura y se detuvo frente a un viejo palomar. En un poste torcido amarró a sus mulas y empezó a cantar:
Aquel atrevido que llevaba serenata a tan altas horas de la noche seguía cantando:
Los vecinos del Barrio de la Candelaria empezaron a murmurar sobre el atrevido pretendiente que creían le cantaba a Nina, una hermosa joven de ojos verdegris chispeantes y cabellos largos color miel.
Caía la noche y las serenatas se repitieron, el misterioso enamorado seguía sembrando coplas en la puerta de la casa de Nina.
Nina se conmovía profundamente con el canto de su pretendiente a quien nunca había visto, hasta que un día abrió su ventana y el pequeño enamorado pudo por fin entrar.
Todos querían conocer al hombre que cortejaba a Nina y una noche la vieja Matilde se acurrucó tras la ventana de su casa y pudo ver al pequeño carbonero de gran sombrero, con su patacho de mulas y su guitarra de cajeta entrando por la ventana de Nina.
-¡Jesús de las Misericordias nos ampare! ¡Es el mismísimo Sombrerón! Con razón está tan flaca la pobre.
Las vecinas corrieron a casa de la nía Chayo, mamá de Nina, para advertirle del peligro que corría su hija.
¡Ay, Dios mío! ¡Con razón está tan desmejorada!
-Llévesela de aquí nía Chayo,(le aconsejaban) porque el duende nunca la va a dejar en paz y menos ahora que Nina le hizo caso.
En efecto, se llevó a Nina del Barrio de la Candelaria y la internó en el convento de las Monjas Catarinas. La primera noche que llegó El Sombrerón en busca de su amada y no la encontró se asustó tanto que regresó rápidamente por la misma calle y se perdió en una carrerita llena de angustia.
Mientras tanto, Nina rezaba ante el altar de Santa Catarina y soñaba con su joven enamorado. Cuando entraba a su celda, después de cumplir con los oficios, escuchaba con claridad el taconeo de sus zapatitos y la miel de su voz inflamada de amor.
Sus enormes ojos se cubrían de amargura con la única esperanza de volver a escuchar el sutil canto de El Sombrerón.
Tras los grandes muros del convento, la hermosa morena de grandes ojos se fue apagando con lentitud hasta que en la noche de Santa Cecilia, en el mes de noviembre, se durmió para siempre. Las madres Catarinas acongojadas la velaron en la capilla del Señor Sepultado y luego entregaron el cuerpo a la madre, la tamalera de la Calle de la Amargura.
La angustiada madre llevó el cadáver de su hija al barrio para el velorio. Muchos amigos se hicieron presentes para despedirse por última vez. Afuera la noche oscura, estaba tan helada que el viento se hacía astillas contra las ramas de los árboles del Cerro del Carmen.
En el reloj de la casa habían sonado ya las ocho de la noche, cuando por la Calle de la Parroquia, apareció un hombrecito con su guitarra y sus cuatro mulas. El Sombrerón corría por la Calle de la Amargura para llegar a la casa de su amada.
Gruesas lágrimas resbalaban por debajo de su anchísimo sombrero. Lágrimas de dolor que se pulverizaban en el silencio. El llanto se escuchaba por toda la casa y toda la gente empezó a llorar condolida por el sufrimiento de El Sombrerón.
Ningún viejo recuerda ahora, en qué momento se apagó aquel llanto, pero aseguran que desde entonces todas las noches de Santa Cecilia, aparecen amarradas a un poste de luz, cuatro mulas cargadas con redes de carbón y en el cementerio se escucha un triste copla: "Corazón de palo santo ramo de limón florido ¿por qué dejas en el olvido a quien te quiera tanto?"
Y es que se cuenta, que el sombrerón nunca olvida a las mujeres que ha querido.
A poco no es hasta romantica la historia?? ?
despues del descepcionante resultado del mundial para las selecciones LatinoAmericanas (mis favoritas desde mexico hasta argentina, pasando por guate ahuevos ;) regresé para mostrarles que ya le pusieron iluminacion al arco del edificio de correos, cambiaron la mayoria de los focos de la iluminacion publica en el Centro Historico de Guatemala, y se mira hermoso.
Entonces comparto con ustedes este par de fotografias del antañero Arco de Correos...